Monday, October 24, 2005


LA LUZ DIVINA

Algunas veces los sueños se hacen realidad




María Dolores Fuertes, mujer trabajadora, sabedora de las labores del campo y entendida en la interpretación de los sueños y que a muchos parroquianos atendía en el lugar, amaneció un buen día soñando con una gran luz que se acercaba. A su marido, Froilán Panza y otras varias personas a las que contó el sueño -que ella misma no pudo interpretar- le dijeron que no sabían que significaba aquella extraña luz, centro de todos sus últimos sueños y que se le aparecían repetidamente. Ella presentía que en algo especial cambiaría su vida, que era como un aviso superior, de allá donde ella no tenía ojos para visualizar.
María Dolores no sabía de dónde ni porqué aparecía esa luz tan brillante en sus sueños en esa forma repetitiva. A raíz de su inquietud, que no permitía que ningún trabajo desarrollara bien, su marido le aconsejó que partiera a buscar a otro pueblo a alguna persona que le interpretara el sueño de esa luz.
Partió la mujer por muchos lugares cercanos y lejanos, conversó con muchas personas dedicadas a estos malabares, sin resultados positivos. Nadie pudo dar con una respuesta que a ella le convenciera. Pasaron los días y volvió a su casa sin encontrar lo que buscaba. Noche tras noche, sus sueños se repitieron y siguió soñando con la brillante luz que se acercaba desde el horizonte y desde arriba, hasta tocarla mágicamente.

Pese a su constante preocupación, siguió desarrollando sus tareas, tal vez, no en forma tan eficientes como antes, pero salía adelante con su labor.
Cada vez cuando salían de paseo con la familia, siempre estaba atenta a los lugares que visitaba por si encontraba el terreno que aparecía en sus sueños y que le era difícil de definir. Decididamente su vida estaba sufriendo un cambio, pues todo lo relacionaba con la extraña luz, hasta pensó que ya era una cosa divina.
Una tarde, casi anocheciendo, en uno de los tantos paseos a la montaña que hacía por todo un día junto con sus hijos y su marido Froilán, debió salir hacia la carretera cercana para conseguir un poco de agua. Cuando la estaba cruzando se dio cuenta que el paraje, los árboles y el entorno, eran los mismos que aparecían en sus sueños y ahí, arriba, repentinamente, observó a la distancia la luz, la divina luz que tanto estaba esperando. La vio acercarse y abrió los brazos con fe para sentir el calor de la divinidad que tanto esperaba. Ahí fue el fin. El gran camión con un trailer de treinta toneladas pasó raudo, violento y llenando de decibeles el ambiente con su sonora bocina acornetada. María Dolores Fuertes de Panza encontró, por fin, la luz divina tan deseada.

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